Una falla tectónica bajo el mar de Sumatra generó las grandes olas
que asolaron las costas del sudeste asiático horas después de la
Navidad. Murieron miles de personas. La naturaleza recordaba al ser
humano sus poderes y horrores ocultos. Ese terremoto, el mayor de
los últimos cien años, ha coincidido con la reaparición de Ray
Kurzweil, con su anuncio de un método científico-vital para alcanzar
la inmortalidad. Para ese fin, son muchos los que venderían su alma
al diablo.
Kurzweil no es un estafador. Hace años que, como genio informático y
especie de inventor renacentista, le da vueltas a las posibilidades
de una era de medicina genética personalizada, de nanotecnología y
de combinación entre tecnología y biología para alargar la vida. Ha
profetizado que en pocas décadas los computadores superarán la
inteligencia humana. Ahora publica un libro titulado 'Viaje
fantástico' para explicar como la inmortalidad es posible con
tratamientos de longevidad, la biotecnología y la nanotecnología,
que consiste en la reducción molecular de la materia para crear
pequeños robots que patrullen por nuestro sistema arterial y maten
toxinas, revisen el ADN o reparen corazones fatigados.
'The New York Times' ha entrevistado a Kurzweil sobre ese cruce
innovador entre la informática y la biología. «Los genes son
programas secuenciales. Estamos aprendiendo como manipularlos en
nuestro interior, el 'software' de la vida. Creo que lo que hago
está reprogramando mi bioquímica», dice Kurzweil. Se toma unas 250
pastillas todos los días. Tener clientes como Xerox le ha hecho
millonario. Según su nuevo libro, a finales de la década de los
veinte se hará posible reconstruir nuestro cuerpo a partir de la
alianza entre la nanotecnología y la inteligencia artificial. Luego
vendrá la posibilidad de llegar a la juventud perpetua.
Kurzweil ha cumplido los 56 años pero se cuida tanto que su edad
biológica es de 40 años. Desde muy pronto ha sido un genio. Creó con
el compositor Stevie Wonder un artilugio informático que actúa como
instrumento musical. Dice que vamos hacia un mundo indiviso, sin
fronteras entre el hombre y la máquina. Dicho en términos de
ciencia-ficción, el espíritu del ser humano y el chip llegarían a
ser la una y la misma cosa. Las mejores inteligencias y los mejores
laboratorios del mundo trabajan en sentido similar en busca del
secreto de la vida.
Las dietas alimenticias recomendadas por Kurzweil y su coautor Terry
Grossman, experto en longevidad, son drásticas y mas bien
equiparables a una tortura. El ejercicio diario es otro deber
inapelable. Luego hay que ingerir dosis notables de vitamina A, C y
E, explica Kurzweil al periodista de 'The New York Times' a quien ha
citado en un restaurante de bajas calorías, mucho algas marinas y
brécol. Al fin y al cabo, la juventud y la belleza de Dorian Gray
necesitaron de algo más que complejos vitamínicos para perpetuarse
en la novela de Wilde. Ahora tenemos la hibernación, la estética y
las hipótesis de Kurzweil. La clientela es amplia porque la
característica de nuestro tiempo es querer parecer más joven de lo
que se es.